Pero Jesús dijo: ‘Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos’. Mateo 19:14.

Antes de pensar que es una conducta para fastidiarte individualmente o de castigar lo hecho, es importante detenerse unos segundos y considerar los posibles porqué de la situación. En ocasiones al conocer los problemas actuales de los niños y jóvenes encontrarás que detrás de una indisciplina hay carencias, tensiones, necesidad de afecto y emociones que no saben cómo expresar.

La infancia intermedia, pubertad y adolescencia son etapas de muchísimos cambios y desafíos a nivel físico, cognitivo, emocional, social y espiritual. Aceptar y convivir con los cambios hormonales y corporales, lograr los aprendizajes esperados, aprender a reconocer las emociones, integrarse al grupo de pares o enfrenar las presiones sociales y definir los valores que los guíen son parte de los desafíos que enfrentan. Si a esto le sumamos las dinámicas familiares de cada uno, se observa un panorama complejo para ellos.

Debido a esto, a continuación propongo algunas sugerencias para la relación con los estudiantes.

Como docentes cristianos, tenemos que tomar el ejemplo de nuestro Maestro Jesucristo. Él siempre daba otra oportunidad. Decía: “Ni yo te condeno, vete y no peques más” (Juan 8:11). Cuando todos están dispuestos a apedrear o dilapidar a alguien que cayó, el docente cristiano debe tender la mano. Una acción semejante de tu parte puede marcar la vida de tus estudiantes para siempre.

Otra actitud cristiana que encontramos en los discípulos de Cristo es la compasión: “Aléjense de ustedes la amargura, las pasiones, los enojos… Sean buenos y compasivos los unos con los otros” (Efesios 4:31-32). Si eres compasivo con tus estudiantes, estarás acercándolos más a conocer al verdadero Maestro y Salvador.

Y la última sugerencia, pero no menos importante, es ejercitar el perdón: “Porque si perdonan a otros sus ofensas, también los perdonará a ustedes su Padre celestial” (Mateo 6:14). El perdón desbarata los planes malignos, el odio y la venganza. Sana tanto a quien lo ofrece como al que lo recibe.

Recuerda que fuiste niño y joven alguna vez: “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos” (Mateo 19:14). Piensa en ti mismo a la edad de tus estudiantes y recuerda que Dios les ama tanto como a ti.

La labor docente es cada vez más compleja y se requieren todas las virtudes divinas para cada jornada con los niños y adolescentes. Que la empatía y la misericordia te lleven a una mejor relación con quienes educas a diario.