“Al día siguiente, Moisés ocupó su lugar como juez del pueblo, y los israelitas estuvieron de pie ante Moisés desde la mañana hasta la noche. Cuando su suegro vio cómo procedía Moisés con el pueblo, dijo: —¡Pero qué es lo que haces con esta gente! ¿Cómo es que solo tú te sientas, mientras todo este pueblo se queda de pie ante ti desde la mañana hasta la noche?” (Éxodo 18:13-14, NVI).

En el salón de clases, como docentes somos responsables del aprendizaje. Si bien no podemos delegar responsabilidades de enseñanza en los alumnos, sí podemos confiarles actividades para fomentar su imaginación y creatividad. ¿Cómo lograr esto? Intentaremos responder la cuestión en este breve artículo.

  • Planificación. Todo parte de un diseño, un buen plan de la clase. Aunque esto es básico, es importante recordarlo. Todo docente puede lograr el máximo posible en el tiempo limitado de su jornada si planifica para lograr los resultados. Planificar debe ser una actitud, no una reacción ni una obligación.

  • Imaginación. Recordemos que la creatividad es parte del ser humano. Dios nos ha dotado de la capacidad de pensar e imaginar. Por lo tanto, todos, en mayor o menor medida, somos creativos. No caigamos en el error de querer que nuestros alumnos sean creativos a nuestra manera. Se debe permitir que cada uno desarrolle su imaginación en la actividad propuesta.

  • Recursos. Podemos usar diferentes recursos a disposición para hacer cortes o pausas necesarias. Por ejemplo: sonidos, música instrumental, canciones, movimientos, silencios, imágenes, videos, manualidades, etc. Las clases que incluyan estas y otras actividades serán de gran beneficio, mucho más que aquellas que solamente son expositivas. Ser creativos no implica, necesariamente, hacer un “espectáculo”, sino buscar las herramientas que nos ayuden a afianzar los conocimientos en los alumnos.

  • Adaptación. Si la creatividad no aflora espontáneamente en tu mente, puedes pensar cómo adaptar las ideas y métodos de otros a tu propia realidad. No temas buscar recursos de otros docentes y pedagogos en tus clases. Los aprendizajes serán mejor alcanzados cuando nuestros recursos se adapten mejor a la mente de quienes tenemos enfrente.

Recuerda, puedes delegar tareas y actividades; nunca tu responsabilidad frente a la clase. Aprovecha el consejo del suegro de Moisés y delega todo lo que puedas. Así evitarás el estrés de tener que resolver todas las situaciones relacionadas con tu responsabilidad como docente.