La zona de confort que el mundo nos da

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Desconformidad

Cuenta la historia del Renacimiento que el gran artista Michelangelo Buonarroti, luego de ser elogiado por su espléndido trabajo en la Capilla Sixtina, humildemente dijo: “Todavía estoy aprendiendo”. Estas palabras son todo un ejemplo a seguir.

Actualmente, la tecnología nos ofrece un sinfín de beneficios. Ahora podemos hacer pagos y compras en línea, ver y conversar con amigos o familiares a la distancia como si estuviesen en nuestra propia casa, escuchar la música que queramos, sin comerciales y sin tener que cargar con cientos de CD de un lado a otro, ver las películas favoritas sin movernos de nuestra casa, descargar un libro y leerlo en cualquier parte desde nuestro teléfono, entre muchas otras cosas. Esto sin duda permite ahorrarnos tiempo y trabajo. De igual manera, Internet nos brinda la opción de investigar ilimitadamente, aprender algo nuevo, consultar con expertos, tomar algún curso en línea o estudiar y graduarse de un posgrado completamente a distancia. Con tantas opciones, los límites los pone uno.

La parte negativa de tantas facilidades es que, una vez alcanzado el confort, puede derivar rápida e imperceptiblemente en conformismo y estancamiento en todos los órdenes de la vida.

El apóstol Pablo escribió en Romanos 12:2: “No se conformen al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta” (Nueva Versión Internacional).

Pensemos en el antónimo de la palabra “conformismo”, es decir, “disconformismo”. Se forma agregando el prefijo dis– (los amantes de la lingüística sabrán que el prefijo tiene un significado de desunión, separación o privación).

Todo esto quiere decir que necesitamos mantenernos separados de todo aquello que nos impida un crecimiento intelectual y espiritual. Como resultado, vamos a buscar una renovación de nuestro entendimiento y podremos discernir qué cosas debemos mejorar.

Como estudiantes, padres o maestros, recordemos que siempre hay algo más por conocer y, sin duda, siempre hay una mejor manera de hacer las cosas.

No nos conformemos con lo que el mundo nos da; si bien es cierto que la tecnología no es mala en sí misma, no permitamos que nos esclavice. Tengamos en cuenta que los logros se disfrutan más cuando nos han costado tiempo y esfuerzo, no nos conformemos con poco. Enfoquemos nuestros objetivos de vida en lo espiritual hasta alcanzar la perfección y lograr la meta suprema.

Recordemos lo que dijo Miguel Ángel: “Todavía estoy aprendiendo”. Salgamos de la zona de confort, continuemos aprendiendo día a día, busquemos la calidad de nuestro conocimiento, pero que al hacerlo sea para alcanzar la meta propuesta por el apóstol Pablo.

“No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.” Filipenses 3: 12-14.

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