“¿Qué provecho saca el trabajador de tanto afanarse? He visto la tarea que Dios ha impuesto al género humano para abrumarlo con ella. Dios hizo todo hermoso en su tiempo, luego puso en la mente humana la noción de eternidad, aun cuando el hombre no alcanza a comprender la obra que Dios realiza de principio a fin.” Eclesiastés 3:9-11, NVI.

¿Qué es el éxito? Esta es una pregunta clave que lleva a muchas personas a sobrecargarse de actividades, incluso a realizarlas en simultáneo. Se nos ha publicitado tanto la necesidad de estar ocupados que si tenemos un poco de tiempo “libre”, muchos experimentan culpa. Es más, la idea de ser productivos 24/7 parece ser un eslogan atractivo incluso para los más pequeños.

Quizá por todo esto, muchas familias optan por tener una agenda nutrida de actividades para los pequeños de la casa, sean niños o adolescentes. La rutina comienza temprano y termina tarde. Son pocas las horas que pasan en familia o simplemente relajándose. Tal vez el pensamiento que impera es: ¿por qué no aprovechar estos años donde pueden aprender más?

Ahora bien, son varios los peligros de la sobrecarga de actividades. Antes de continuar, es importante recordar que el sueño es vital para el buen funcionamiento de nuestro cerebro. Los especialistas en pediatría (medicina infantil) aconsejan las siguientes horas de sueño de acuerdo con la edad:

Edad Sueño Siesta
Recién nacidos 16-20
Hasta 6 meses 10-14 2 veces, aprox. 2h
Entre 6 y 12 meses 10-12 2 veces, aprox. 1h
Entre 2 y 3 años 12 1 vez, aprox. 1h
Entre 3 y 5 años 11-12
Entre 6 y 12 años 9-11
Adolescencia 8-9

Esta información sirve como un indicador de rutina. Si a esto le sumamos las horas en clases (para los menores que están en edad escolar), son pocas las horas que restan para otras actividades o para descansar.

Si esas horas son llenadas con actividades extracurriculares sin tiempos de descanso, de esparcimiento u ocio, entonces, la persona puede experimentar frustración, cansancio desmedido, estrés, angustia, cambios de humor, trastornos en el sueño, ansiedad, desmotivación, cambios en la conducta alimentaria, entre otros.

Por eso, lo importante no es quitar toda actividad extraescolar, sino reflexionar y decidir cuál es imprescindible y cuál puede ser dejada de lado. Así como los adultos, los menores también necesitan tiempo de relax.

El sabio consejo es entonces reordenar la escala de prioridades y considerar cuidadosamente las cosas importantes y trascendentes de la vida. Más vale asumir pocas responsabilidades y realizarlas bien que tratar de ocupar todo el día en tareas que no producen provecho; sino solamente preocupación y desgaste prematuro. El descanso y el tiempo de recreo es fundamental para la mente y el cuerpo de los niños.