“En cambio, lo que el Espíritu produce es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio. Contra tales cosas no hay ley” Gálatas 5:22, 23 (DHH).

El enojo es una emoción que surge cuando enfrentamos una situación que consideramos que está mal o es injusta, o cuando nos sentimos contrariados por palabras, acciones o actitudes de otras personas. Va desde una irritación leve hasta una reacción más intensa, como la furia o la ira.

Para ayudar a los niños en la expresión del enojo, es importante comprender la interconexión que existe entre los pensamientos, las emociones y las acciones. De esta manera, una situación que es evaluada como injusta (pensamiento) produce una emoción (enojo, indignación) y a su vez genera una conducta, acción o expresión de la emoción (alzar la voz, apretar los puños, responder con vehemencia).

Al tener presente este patrón de causa-efecto se observa que el enojo es un efecto o consecuencia de una elaboración anterior (pensamiento). Para generar avances en su expresión y regulación, lo que se debe entrenar es la búsqueda de la causa y por qué tal o cual cosa generó ese enojo.

Teniendo en cuenta lo anterior, a continuación ofrecemos una lista de recomendaciones para que los padres y adultos que trabajan con niños puedan ayudarles en la gestión de sus emociones:

Causa. Pregúntales qué es lo que les causó el enojo o enfado. En ese primer diálogo puedes ayudarle a encontrar una solución al problema.

Alternativas. Ayúdales a visualizar otros puntos de vista o soluciones alternativas dependiendo de la edad y su capacidad de comprensión.

Autocontrol. Ayúdales a reconocer la emoción que están sintiendo. No todas las acciones desencadenan emociones como el enojo. Es importante que el niño reconozca cómo se siente físicamente (palpitaciones rápidas, dolor de cabeza, nudo en la garganta) y por qué se siente así (razones psicológicas). El objetivo es que comience a controlar sus emociones.

Distracción. Distrae su atención, ya sea enfocándose en algún estímulo externo proponiendo una actividad diferente en ese momento. En este punto, es importante destacar que los videojuegos, las series de televisión, la música u otros elementos pueden ser una distracción negativa para expresar las emociones.

Dominio propio. Como los niños toman modelo de los adultos, es fundamental que vea cómo dominas tus emociones. Así estarás mostrando estrategias que ellos podrán utilizar para enfrentar sus propias emociones.

Fe. Por último, en cada situación, cuando ha pasado el enojo, es importante dedicar un momento para orar juntos. Así le estarás enseñando que ante cada problema puede recurrir a Jesús como fuente de ayuda para lidiar con sus pensamientos y emociones.

“El que creó la mente del hombre sabe lo que esta mente necesita. Dios es el único que puede sanar” (Elena G. de White, El ministerio de curación, versión online).