Qué tipo de docente eres

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Muchas veces como docentes nos preguntamos cuál es la forma, el modelo ideal para alcanzar la meta de ser un buen maestro, un educador que impacte realmente en la vida de sus educandos y que los aprendizajes que reciban sean significativos. Las preguntas que surgen espontáneamente son: ¿Cómo lograr este objetivo? ¿Cómo ser un buen maestro? ¿Cuáles son sus características? ¿Qué tipo de docente soy?

Existen variados ejemplos en la historia que señalan a hombres y mujeres que dejaron huella en sus aprendices y a través de los cuales podemos obtener alguna respuesta a los interrogantes mencionadas anteriormente. Por ejemplo, Gandhi (1869-1948), un maestro por excelencia, quien utilizó la estrategia basada en un único estándar de conducta. Él creía que los líderes tenían la responsabilidad de dar el ejemplo y por eso su vida era un ejemplo de lo que quería conseguir; por lo tanto, aquellos que lo rodeaban se sentían inspirados incluso hasta llegar a modificar sus conductas por la fuerte impresión que este hombre dejaba en ellos, no solo con su discurso, sino también con la vida que llevaba.  Otro ejemplo es el de Helen Keller (1880 – 1968), una mujer ciega y sorda que se convirtió en una activista y filántropa destacada, escribió libros y artículos que demostraban a través de su experiencia que todo es posible con voluntad; dio conferencias y charlas motivacionales exponiendo sus circunstancias y los logros que obtuvo a pesar de la adversidad. Rita Pierson (1951), otro gran personaje, maestra durante más de 40 años, una vez escuchó a una colega decir: “No me pagan para querer a los niños”. Su respuesta fue: “Los niños no aprenden de la gente que no les gusta”. Estas frases son un llamado conmovedor para instar a los educadores a creer en sus alumnos y para que se conecten verdaderamente con ellos a nivel personal y humano. Rita asevera: “La educación no se hace solo con reformas educativas, sino a través de la conexión humana, a través de las relaciones interpersonales. Por lo tanto, los docentes hemos sido elegidos para marcar la diferencia”. Finalmente quisiera mencionar a un maestro realmente inspirador, consecuente y elocuente, efectivo y eficaz al enseñar, amado y criticado a la vez, pero reconocido como el Maestro de los maestros a través de la historia: su nombre es Jesucristo. Un educador capaz de resolver los enigmas más insondables del intelecto humano, pero a la vez un maestro sensible a los problemas cotidianos que el ser humano debe afrontar.

“El que trata de transformar a la humanidad, debe comprender a la humanidad. Solo por la simpatía, la fe y el amor pueden ser alcanzados y elevados los hombres” (Elena de White, La educación, p. 42)

De los ejemplos antes mencionados se desprende la siguiente reflexión. Para alcanzar la excelencia docente, independientemente de las épocas, culturas e inclinaciones ideológicas de quienes impartan algún tipo de educación; la experiencia humana no solo debe implicar transferencia de pensamiento y conocimiento intelectual y académico, sino también entrega de afectividad y empatía. Esta actitud favorecerá y facilitará la capacitación del individuo enriqueciendo el significado de su experiencia.

Mg. Maritza Guzmán Matamala

Facultad de Educación, Ciencias Sociales y Humanidades

Universidad de la Frontera

Chile

Acerca del autor:

Facultad de Educación, Ciencias Sociales y Humanidades. Universidad de la Frontera. Chile.

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