Mantener viva la esperanza

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Segunda venida de Cristo

Eran las 18:58 del sábado 16 de abril de 2016. La zona noroeste de la República de Ecuador sufría un terremoto de escala 7,8 grados, con una duración de 50 segundos. A partir de ese instante, las vidas de los habitantes de las provincias de Manabí y Esmeraldas no volvieron a ser las mismas. Algunas historias trascendieron más allá del sismo, como la experiencia de Pedro, administrador de un hotel en la ciudad de Portoviejo, capital de Manabí. El edificio en el cual había trabajado toda su vida colapsó en cuestión de segundos y quedó atrapado. Pedro se salvó al protegerse bajo un mueble, pero como tenía acceso a ninguna fuente de agua, para no deshidratarse tuvo que beber su propia orina. Un teléfono celular sirvió para alertar que estaba entre los escombros del edificio. Su esposa había perdido la esperanza de encontrarlo vivo y ya había encargado el ataúd, sin imaginar que su amado esposo luchaba por sobrevivir. Pedro fue rescatado a las 16:00 del lunes 18 de abril, después de que los rescatistas lograran perforar cinco pisos del hotel colapsado.

Así como la esposa de Pedro, a veces perdemos la esperanza, nos asalta el desánimo y la duda se siembra en el corazón. Y quedamos atrapados como Pedro, en un laberinto de depresión y angustia.

Mantener viva la esperanza hace que tengas paz. El sueño de Dios es darte la bienvenida en la casa que te espera allá en el Cielo. Por lo tanto, te animo a que conozcas cómo practicar la voluntad de Dios aquí y ahora. El Cielo comienza aquí. Puedes comenzar a disfrutar de la verdadera paz que te da la seguridad del perdón y la vida eterna si caminas diariamente con Jesús.

“Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes –afirma el Señor– planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza” (Jeremías 29:11, Nueva Versión Internacional)

Mantener viva la esperanza te hace feliz. Nunca te rindas en el camino. “Mantengamos firme la esperanza que profesamos, porque fiel es el que hizo la promesa” (Hebreos 10:23, NVI). Solo la misericordia y compasión de Jesús te ayudará a mantener intacta la promesa de la gran esperanza. Él está dispuesto a secar tus lágrimas y sanar las heridas de tu corazón, pero es necesario que le entregues tu vida para que obre ese milagro de transformación en tu interior. La felicidad nace de un corazón y una mente transformados por el Espíritu Santo. “Que el Dios de la esperanza los llene de toda la alegría y paz a ustedes que creen en él, para que rebosen de esperanza por el poder del Espíritu Santo” (Romanos 15:13, NVI). Jesús debe ser tu verdadera motivación y esperanza de vida en medio de un mundo donde solo existe anarquía y violencia. ¡Anímate! Que no existan motivos para que te falte la fe, porque ya está cercano el regreso de Jesús.

“Un día veremos en el horizonte una pequeña nube, muy pequeña, como la mitad de la palma de la mano. Esa nube se hará más grande y más blanca… ¡Reconoceremos al Hijo de Dios! ¡Levantaremos las manos con gozo! Y enseguida nuestras familias volverán a ser completas” (Ismael Castillo, ¡Libérate!: Brinda lo mejor de ti, p. 371)

Acerca del autor:

Licenciado en Ciencias de la Educación. Ecuador.

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