Los nativos digitales y la generación alfa

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Mucho se ha discutido acerca de la brecha generacional. Sabemos que los nacidos entre 1980 y 1994 hoy son jóvenes adultos de 21 a 35 años y pertenecen a la llamada “Generación Y”, también conocida como los “millenials”. Esta generación se caracteriza por cuestionar todo (en inglés, la pronunciación de la letra Y es idéntica a la de la palabra “¿Por qué?” –Why?). Además, los Gen Y ha sabido dominar las nuevas tecnologías porque crecieron al ritmo vertiginoso de las computadoras hogareñas y todo un arsenal de aparatos electrónicos como cámaras fotográficas, reproductores de mp3, escáneres y teléfonos móviles cada vez más pequeños y potentes. Sin embargo, el espíritu posmoderno los afectó, haciéndoles desencantar de muchas cosas y dudar de las verdades que sostenían a las generaciones anteriores. La generación Y ha dado paso a la generación Z, también conocida como la de los nativos digitales. Son los que nacieron entre 1995 y 2009. Son los niños y adolescentes de hoy, entre 6 y 20 años. Todavía están en formación y, aunque reniegan del sistema educativo tradicional y de los valores del hogar, dependen más todavía de la tecnología y del reconocimiento de su individualidad en medio de las generaciones de sus padres y abuelos. Atravesar la juventud en esta época no es tarea fácil. La motivación para el trabajo o el estudio ya no es tan fuerte, a menos que sea un trabajo que ofrezca garantías de libertad y no obligue a formar parte de una estructura rígida. El modelo de enseñanza-aprendizaje que funciona mejor para ellos es totalmente diferente al que se venía utilizando en las generaciones anteriores. La alfabetización tradicional con lápiz y papel que ofrece la escuela o el hogar pierde atractivo y entra en choque con el analfabetismo tecnológico que sufren los docentes de generaciones anteriores a la hora de “dictar” sus clases. La clase invertida se está popularizando en muchas aulas y sistemas educativos que desean atraer la atención de esta generación.

Los problemas son los mismos

La inseguridad sigue siendo un problema. La generación Y comenzó a perder el entusiasmo por jugar “en la vereda” y comenzó a adoptar otros modos de entretenimiento alrededor de una consola de videojuegos o las actividades sociales “en línea”. Pero este cambio no disminuye el riesgo de inseguridad. Ahora los peligros se multiplicaron. Navegar en Internet es comparable a deambular por una ciudad interminable, con callejones sin salida y riesgo real de ser víctimas de ciberacoso, robo de identidad, estafas y violencia. La frase “no hables con extraños”, “no aceptes regalos de desconocidos” o “mira al cruzar la calle”, que los padres repetían a sus hijos, hoy incluye también las actividades en las redes sociales como Facebook, donde el extraño puede entablar una “amistad” desde el anonimato absoluto, donde cualquiera puede descargar un archivo aparentemente inofensivo sin saber que está infectado con un virus o alguien que utiliza descuidadamente su contraseña puede sufrir el arrebato de sus datos y su intimidad.
La promiscuidad sigue siendo un problema. La búsqueda del placer por el placer mismo, la exploración de la propia sexualidad sin autolimitarse, la falta o rechazo de los modelos que sirvieron a las generaciones pasadas y el mundo virtual que crean las tecnologías de la información y la comunicación acrecienta la problemática de ejercer la sexualidad exclusivamente en el vínculo del amor matrimonial. Embarazos no deseados y prácticas perniciosas impactan en la generación Z más que en todas las anteriores, ya que el cuestionamiento a la autoridad es cada vez mayor. ¿Será que en el horizonte se vislumbra un límite que podría comenzar a cambiar la tendencia o algún elemento que permita restablecer el equilibrio y el rumbo perdido de la humanidad? Como sabemos, la Z es la última letra de nuestro alfabeto.

La generación alfa

¿Qué depara a los hijos de la generación Z? Son los bebés que nacieron a partir de 2010 e ingresarán a los sistemas educativos formales en los próximos años. Poco podemos decir aún acerca de la generación que algunos llaman alfa (primera letra del alfabeto griego). Pero hay algo que no podemos dejar de repetir, aunque parezca obvio. Los padres y la familia siguen siendo los responsables primarios de la enseñanza. Enseñar no es exactamente igual a educar. Desde el punto de vista bíblico y cristiano, en el que se basa el sistema educativo adventista, enseñar es iluminar, instruir, encaminar, guiar, inspirar y hasta revelar. La revelación de Dios en la Biblia y en Jesucristo es la base de la verdadera educación. Sin embargo, el verbo “educar” no aparece en la Biblia. Solamente aparece el verbo “enseñar”. La educación es buena, pero siempre es posterior a la enseñanza del hogar y la familia. El sistema educativo adventista se propone desarrollar las capacidades individuales de sus alumnos a la luz de las enseñanzas del Maestro de los maestros. Nuestros docentes pueden hablar con confianza a sus alumnos, y deben establecer ese diálogo intergeneracional tan vital para el proceso de enseñanza-aprendizaje. Este proceso requiere compromiso total de ambas partes: del alumno y su entorno familiar y del docente y su entorno institucional. El docente puede y debe utilizar la tecnología para acercarse a la generación Z y la generación alfa, para que sientan que estamos hablando su idioma. Sin embargo, los padres también tendrían que compartir con sus hijos momentos libres de tecnología. Esa desconexión de la tecnología los puede ayudar a conectar y reforzar los vínculos vitales y esenciales que todo niño necesita establecer para atravesar con éxito la turbulenta niñez y adolescencia de la generación alfa. ¡Este es el desafío!

Acerca del autor:

Director de contenidos del Portal hispano de Educación Adventista de Sudamérica. Soy editor, profesor de lengua y pastor cristiano adventista del séptimo día.