Leer es una aventura – Abril 2016

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Estaba en la biblioteca. No recuerdo cómo llegué. Siempre necesito de una siestita después de almorzar, pero tenía que elegir uno o dos libros para pasar el fin de semana largo que estaba llegando. Había leído los libros que tenía en mi casa y tenía ganas de leer algo nuevo.

Si estaba confusa al llegar a la biblioteca, no tienes idea de cómo me sentí en los momentos que siguieron.

¡No lo podía creer!

Todo comenzó cuando agarré un libro de historias de un autor que me gusta mucho la manera en la que escribe. De pronto, el libro comenzó a crecer en mis manos, quedó enorme y de adentro saltó una muñeca de trapo con cabello de muchos colores.

–¡Hola! ¿Elegiste nuestro libro para leer durante el fin de semana?

La miraba espantada.

–Tú eres… tú eres…

La muñeca de trapo completó la idea:

–¡Emilia! ¡Sí, soy yo! Una muñeca que habla. No existen muñecas que hablan, lo sé; pero mi dueña imagina que hablo y nosotras vivimos muchas aventuras inventadas. Entonces, ¡llévanos a tu casa! ¡No te vas a arrepentir!

Antes de que pudiera decir cualquier cosa, la muñeca saltó hacia adentro del libro. Este se encogió y enseguida estaba, otra vez, en su tamaño normal.

Me rasqué la cabeza, medio atontada por lo que había sucedido, como cuando no entiendo muy bien lo que pasó. Dejé aquel libro en la mesa que estaba adelante y tomé otro, de poesías.

¿Imaginas qué sucedió? ¡El libro creció! De dentro de él salió una niña vestida como una bailarina.

–¡Hola! Soy una niña que quiere ser bailarina. ¿Viste mi estrella y el velo en mi cabello? Estoy elegante, ¿verdad? ¿Te gusta la poesía?

Respondí completamente boquiabierta:

–¡Sí! Me gusta mucho la poesía.

–Mira, lleva mi libro para leerlo durante el final de semana. ¡Te va a encantar!

La niña se inclinaba para allá y para acá, como si el viento estuviera soplando por allí.

Antes de que lograra cerrar mi boca, la niña bailarina había regresado adentro del libro. Lo dejé, con mucho cuidado, arriba de la mesa, al lado del otro que había sacado.

Estaba confundida y tenía mucho cuidado para no agarrar un libro que hablara de guerras. Imagínate si, de la nada, comienzan a saltar soldados por toda la biblioteca.

Bueno, después agarré un libro de adivinanzas. Y… ¡Exactamente! ¡Adivinaste! El libro se hizo gigante y de dentro salió un muchacho vestido de bufón.

–¡Ajá! Es nombre de mujer y nombre de hombre. Iba, iba, iba… Pero acabó –casi– no yendo… ¡Responde rápido!

No podía creer todo lo que estaba sucediendo. No conseguía ni siquiera entender la pregunta, no tuve cómo responder.

–¡Ay, ay, ay! ¡Esta niña! La respuesta es ISAÍAS… ISAÍAS. ¿Entendiste? Es muy buena, ¿verdad?

Me reí porque no tenía otra alternativa, pero le respondí con una pregunta:

–¡No! ¡Ese chiste es horrible! ¿Su libro solo tiene adivinanzas y chistes así de malos o tiene alguno que sea bueno?

–El bufón lanzó una carcajada.

–¡Ay! Vas a tener que llevarme a tu casa para saberlo. Pero te aviso, me caíste súper simpática. Tienes un excelente sentido del humor.

Entonces, él volvió adentro de su libro.

¡Qué extraño! Tomé rápido un libro de historia. Y bueno, ya sabes… De adentro salió un hombre vestido como un europeo de hace muchos siglos atrás. Antes de que él dijera cualquier cosa, lo quedé mirando y me arriesgué a saludarlo:

–¡Ya sé! Eres uno de los conquistadores europeos que llegó a América. ¿Verdad?

El hombre me miró con una sonrisa.

–Se equivocó, mi estimada señorita. Usted debería estudiar un poco más de historia. Lleve nuestro libro. Soy Álvar Nuñez Cabeza de Vaca. ¿Tienes algún objeto que sirva para escribir y me puedas prestar?

Me senté en una silla para intentar entender lo que estaba sucediendo en aquel lugar. Fue cuando sentí una mano en mi hombro…

“¡Qué susto! ¿Será que abrí un libro de suspenso sin querer?”, pensé en una fracción de segundo.

–Señorita… Señorita… ¿Elegiste tus libros? Necesitamos cerrar la biblioteca.

–¡Claro! Estaba con la cabeza apoyada en mis dos brazos sobre la mesa de la biblioteca, durmiendo profundamente cuando el bibliotecario me despertó.

–¡Perdón! ¡Discúlpeme! Voy a llevar estos cuatro libros que tengo aquí.

Me levanté despacito, con el rostro marcado y una sonrisa extraña en mi rostro.

Me gustan mucho los libros. Ellos me hacen viajar. Esta vez, viajé con los ojos cerrados. ¡Imagina cuando llegue a casa y comience a leerlos! ¡Leer es, realmente, muy divertido!

Salí de la biblioteca soñando.

Acerca del autor:

Gerencia de Educación de Editorial ACES. Edita y distribuye libros de texto, recursos didácticos y contenidos digitales para la red de Educación Adventista de Sudamérica.

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