La educación: un poder transformador

Categorías: Artículos varios|Etiquetas: , , |

En la cumbre

“Siembra un pensamiento y cosecharás una acción, siembra una acción y cosecharás una costumbre, siembra una costumbre y cosecharás el carácter, siembra el carácter y obtendrás la mies de tu propia suerte”

Un grupo de jóvenes se quejaba ante un famoso jurista, diciendo: “No hay lugar para la juventud”. Pero el anciano sentenció: “Siempre hay un sitio en la cumbre. El valle de la mediocridad está repleto, pero la cumbre de la excelsitud tiene amplio sitio, solo que hay que escalarla”.

¡Qué palabras tan elocuentes y sabias! Actualmente, la sociedad es impaciente, inmediatista, si cabe la palabra. Esto ha originado generaciones con poca tolerancia a la frustración, que requieren respuestas instantáneas sin mayor reflexión, que favorecen las relaciones de cualquier índole, pero desechables y que idealmente todo les sea otorgado de inmediato y con facilidad.

Siempre hay un sitio en la cumbre, pero para llegar a ella inevitablemente hay que escalarla. Y es justamente en este proceso de “escalar” que el ser humano se enriquece, es en este periodo cuando ocurren las mayores transformaciones, invenciones y logros que de otra forma no serían reconocidos.

Escalar una cumbre -para quienes hemos experimentado la ascensión- significa sacrificio, decisión, perseverancia, lucha, convicción, tolerancia al cansancio y la frustración que muchas veces genera en el organismo el deseo inminente de detenerse, porque siente que ya no puede más. Pero la actitud que se genera en la mente lucha e invita con fuerza al organismo a proseguir. Los problemas que se presentan en la ruta son aparentemente insuperables, pero es allí en el proceso de escalada donde se forjan los grandes, donde se gesta la transformación de una vida simple en una vida con convicción, de éxito, de logros y de satisfacción.

Como decía Paulo Freire, el problema no son las dificultades, sino cómo transformarlas en posibilidades. Y la educación tiene este poder transformador que el ser humano necesita y que en el proceso de su desarrollo fomentará la superación de limitaciones y barreras.

El hombre ha sido creado con grandes capacidades y depende de su decisión alcanzar los objetivos que se proponga.

El secreto del éxito estriba en la unión del poder divino con el esfuerzo humano. Los que logran los mayores resultados son lo que confían más implícitamente en el brazo del Todopoderoso. (El colportor evangélico, cap. 16)

Acerca del autor:

Facultad de Educación, Ciencias Sociales y Humanidades. Universidad de la Frontera. Chile.

Deja tu comentario