Inclusión educativa

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Inclusión educativa

Diferencias entre modelos educativos

Las personas con capacidades especiales forman parte del grupo de los excluidos de la sociedad. Uno de los factores de exclusión es el acceso a la educación. La mayoría considera que las personas con capacidades especiales no podrán alcanzar un mínimo nivel de excelencia académica. La Organización Mundial de la Salud (OMS) afirma que “los niños con discapacidades tienen menos probabilidades de ser escolarizados que los niños sin discapacidad” (OMS, Diez datos sobre la discapacidad, 10/6/2011).

Ante esta situación, planteamos: ¿Qué entendemos por inclusión educativa y cómo podemos contribuir con ella?

Cuando hablamos de inclusión educativa, por lo general, la relacionamos con el cómo trabajar en la integración de los estudiantes en los procesos educativos. En realidad, el concepto va más allá. La inclusión educativa es una actitud que genera procedimientos para reformar las prácticas pedagógicas con el propósito de dar facilidades de aprendizaje a todos los estudiantes.

Inclusión escolar

Así lo afirma Ronald Soto: “Cuando se habla de inclusión, se crean expectativas para todas las personas y grupos que tienen que ver, en su trabajo, con personas que requieren ciertos apoyos para enfrentar no sólo su interacción y aprendizaje en el aula, sino también en su familia y comunidad. Se debe tomar en cuenta todo aspecto relacionado con la cultura en la que se desarrollan las personas” (La inclusión educativa: una tarea que le compete a toda una sociedad, 2003).

A manera de reflexión, es hora de que la comunidad educativa atienda las necesidades especiales de estos alumnos. Ellos son hijos de Dios, tienen sentimientos y sueños. Cristo puede y desea sanar las heridas del corazón y las heridas físicas del ser humano Así lo registra la Escritura: “Los ciegos ven, los cojos andan…” (Mateo 11:5, NVI). Nuestras instituciones educativas adventistas deben ser un modelo práctico de inclusión educativa para el mundo de hoy. Cuando Cristo venga por segunda vez se restablecerá definitivamente la igualdad de condiciones. “Y ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento, ni dolor, porque las primeras cosas han dejado de existir” (Apoc. 21:4, NVI).

Para que exista una práctica de inclusión educativa en la escuela es totalmente determinante un cambio del paradigma tradicional. Como factores de retardo para la inclusión tenemos la escasa preparación docente para tratar con niños con capacidades diferentes. Tomemos por caso un estudiante con problemas de audición. Si el docente no utiliza el lenguaje de señas para comunicarse con él, es inevitable que quede excluido del circuito de comunicación establecido con el resto de sus compañeros.

Por lo tanto, “…lo que tienen que cambiar no son los niños con discapacidad sino las escuelas” (María Alonso, La inclusión educativa en el pacto por la educación, 2010).

Acerca del autor:

Licenciado en Ciencias de la Educación. Ecuador.

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