Herencia del Señor

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Herencia del Señor

Generalmente las herencias se reciben de algún familiar ya fallecido o a punto de estarlo. Una herencia no es algo que necesariamente merezcamos; la recibimos de alguien que nos tuvo en cuenta con aprecio y significamos mucho para esa persona aun en los últimos momentos de su vida.

Pero, ¿qué estamos haciendo con la herencia recibida del Señor?

“Los hijos son una herencia del Señor, los frutos del vientre son una recompensa” Salmo 127: 3 NVI

Tiempo para los hijos

Una encuesta realizada a cien alumnos de la escolaridad primaria arrojó los siguientes resultados a dos preguntas planteadas. “¿Qué es lo que te molesta de tus padres? El 90% respondió que lo que les molestaba era que sus padres no tenían suficiente tiempo para estar con ellos, porque trabajaban mucho.

Sabemos que, como padres, debemos dedicar más tiempo a los hijos que Dios nos ha dado. Ellos son la herencia que nos ha confiado, por eso, debemos cuidarlos, educarlos, amarlos y protegerlos.

La siguiente pregunta fue: “¿Qué cambiarías, si tuvieras la oportunidad?” En su gran mayoría las respuestas coincidieron en que lo que cambiarían es que sus padres tuvieran más tiempo para estar con ellos, que sus padres dedicaran menos tiempo a trabajar y más tiempo a estar con ellos, que pudieran ser más unidos como familia. Las respuestas giraban en torno al tiempo compartido. Los hijos demandan tiempo y atención de sus padres. Deberían revisar con ellos las tareas escolares, jugar con ellos y, por sobre todo, preguntarles qué tal les fue en la jornada, reunirse alrededor de la mesa aunque sea una vez al día para compartir las vivencias cotidianas. La transmisión de los valores morales y familiares es fundamental para construir un hogar basado en los principios cristianos.

Si bien, la situación económica obliga a salir a trabajar a ambos padres, es cuestión de organizarse y pasar más tiempo con los hijos. Como padres, sabemos que el tiempo vuela y no podemos volver atrás ni un solo minuto. En pocos años, ese tierno bebé habrá crecido y probablemente desplegado sus “alas” para volar hacia la formación de su propio hogar. A menudo los padres perciben cómo se escurre de sus manos esa preciosa “herencia del Señor”. Seamos responsables hoy, para que nuestros hijos, ya adultos, recuerden el tiempo de calidad que les dedicamos y no tengan que echarnos en cara nuestras ausencias cuando ellos necesitaron que estuviésemos a su lado.

Acerca del autor:

Docente. Escribe desde Paraguay.

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