Familia y Escuela: dos contextos una sola misión II

La cooperación de la escuela y la familia en el proceso educativo se torna vital, pues ambas partes deben actuar de manera conjunta para lograr una simbiosis que permita una relación efectiva y completa, potenciando las capacidades intelectuales, emocionales y espirituales de los niños.

La educadora y escritora Elena de White menciona que “los maestros del hogar y los de la escuela deben saber comprender la obra de cada uno y simpatizar mutuamente. Deben colaborar armoniosamente, imbuidos del mismo espíritu misionero, y esforzarse juntos por beneficiar a los niños física, mental y espiritualmente, a fin de desarrollar en ellos un carácter que resista la prueba de la tentación”.

Sobre ese “simpatizar mutuo” Thomas Nordahl presenta tres niveles de cooperación y tres niveles de entendimiento básicos entre la escuela y la familia.

Los niveles de cooperación son:

  • Cooperación representativa, con las organizaciones de padres.
  • Cooperación directa, para fomentar la relación entre profesores y padres con entrevistas, acuerdos de trabajo, reuniones, etc.
  • Cooperación indirecta, con las actividades que los padres realizan en el hogar, ayudando a sus hijos con requerimientos académicos.

Los tres niveles de entendimiento son:

  • Intercambio fluido de información en ambas direcciones.
  • Diálogo abierto sobre las materias concernientes a los alumnos.
  • Contribución e influencia, con acuerdos mutuos entre los docentes y los padres.

El trabajo exitoso se basa en un buen nivel de entendimiento y relaciones entre los maestros y los padres. Para esto se necesita un interés genuino de los maestros en la situación de cada familia. Deben realizar un trabajo personalizado, acercándose sistemáticamente a cada estudiante, mostrando interés genuino, motivándolos, ser canalizadores positivos de sus inquietudes, desarrollando una relación de liderazgo para guiarlo en su desarrollo integral.

El agente canalizador de la relación positiva de la escuela y la familia es el maestro. Elena de White menciona que “los maestros de nuestras escuelas tienen una pesada responsabilidad que llevar. Deben ser en palabras y carácter lo que quieren que sean sus alumnos: hombres y mujeres que teman a Dios y que obren justicia”.

Mejorar el acercamiento del maestro con el alumno y con su familia con relaciones positivas permite construir estrategias personalizadas para que cada estudiante logre sus metas. Esta es una tarea en donde se deben involucrar no solo los profesores sino también los administradores de nuestras instituciones educativas.

Si bien es cierto que el hogar es la primera escuela y los padres los primeros maestros, cuando el niño inicia la etapa escolar esa responsabilidad pasa a ser compartida en gran medida con la escuela y específicamente con los maestros. Por lo tanto, los docentes deben revisar permanentemente el plan institucional para crear estrategias individuales que permitan cumplir con la misión de educar para la vida presente y venidera.