El poder emocional de las palabras IV

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El poder emocional de las palabras IV

Dice el sabio: “En la lengua hay poder de vida y muerte; quienes la aman comerán de su fruto” (Proverbios 18:21). Cuando no lo dices, me daña: el poder de las palabras ausentes.

¿Estamos dándoles vida a nuestros alumnos con palabras buenas, o estamos quitándoles la vida, trayendo muerte con palabras que decimos o incluso que no decimos? Cuando algo fue bien hecho, ¿por qué no decirlo? ¿Por qué no felicitarlo?

Cuando algo no estuvo bien, cuando hubo un error, ¿por qué no decirlo? ¿Por qué no darle sugerencias? Muchas veces callamos sin darnos cuenta que estamos perdiendo una gran oportunidad y, sobre todo, nos olvidamos que el silencio puede ser interpretado por el alumno de muchas y variadas maneras, que no siempre son las acertadas.

Cuando el educando no siente una relación de aprecio por el docente:

  • Los alumnos sentirán una sensación de aislamiento de los demás.

  • Los alumnos tendrán la tendencia a desanimarse y sentirán que siempre hay algo más para hacer y que nadie aprecia lo que se hace.

  • Los alumnos comienzan a quejarse de todo, no encuentran cosas buenas en su entorno.

  • Los alumnos evalúan y consideran la idea de dejar de estudiar.

Para que el reconocimiento y el aprecio sean eficaces deben individualizarse y expresarse personalmente. Para que el aprecio tenga efecto, el receptor debe percibirlo como valioso. Esto se relaciona directamente con la necesidad de comunicación individualizada.

No calles:

  • Diles palabras de afecto, exprésales cariño. Refuérzalas con un tono de voz adecuado, con un abrazo, una caricia apropiada.

  • Diles palabras de elogio por lo que hace. Resalta sus virtudes y cualidades. Felicítalos por sus esfuerzos y logros.

  • Diles palabras de estímulo que den aliento y valor. Diles que confías que lo lograrán, que sientes admiración por ellos.

  • Diles palabras que los orienten de una forma positiva. Exprésales preocupación y no tanta condenación, diles que tu propósito es ayudarlos y orientarlos a superar los errores.

No calles, pero para saber qué decir, primero debemos esforzarnos en escuchar con atención aquello que nuestros alumnos nos quieren decir. Calla para escucharlos, pero habla para interactuar, para empatizar.

No calles cuando es necesario hablar, que el alumno se sienta apreciado y valorado favorecerá el clima en el aula y los resultados individuales. Todo ser humano necesita que se le demuestre aprecio, si esa necesidad no es satisfecha, disminuye la motivación del alumno. Todos necesitamos saber que lo que hacemos tiene importancia. Todos queremos saber que nos valoran, deseamos que sea auténtico, no forzado.

No calles, cuando el docente busca intencionalmente expresar el aprecio a sus alumnos todo el ambiente del aula mejora. Alimenta sus mentes y corazones con las mejores palabras, dichas con amor, suavidad y sinceridad. Utiliza palabras que edifiquen. Pide a Dios en oración que te guíe en cómo hacerlo mejor.

Encontrar las palabras justas y adecuadas ¡es un gran desafío! Pero poco a poco aprenderemos a reconocer las palabras que los alumnos no necesitan oír, aunque lamentablemente muchas veces las hemos dicho. Esas palabras las analizaremos en el próximo artículo.

Acerca del autor:

Máster en Educación con énfasis en investigación en enseñanzas y aprendizaje. Maestra de profesión y vocación.

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