Educación por vocación

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Vocación pedagógica

Al trabajar con jóvenes que se encuentran en plena Formación Inicial Docente, en algunas entrevistas que hemos sostenido les he preguntado: “¿Qué los motivó a estudiar la carrera que eligieron?” Algunas de las respuestas han sido como las siguientes:

Porque me gusta ayudar, y a través de la pedagogía creo que podré hacerlo.
Porque desde mi espacio de educador podré mejorar el mundo más próximo.
Porque creo que hacen falta personas que amen lo que hacen; en especial en la educación, que forma parte tan importante en la vida de los seres humanos.
Porque quiero especializarme en el área que escogí y ser el mejor.

La mayoría de las respuestas antes mencionadas aluden a un acto enfocado hacia una responsabilidad civil y social donde se refleja un alto compromiso, una motivación intrínseca de querer hacer el bien.

Es ineludible mencionar que la vocación en educación involucra servicio, interés real por los educandos, realización de un trabajo bien hecho por la convicción de que educar es una labor noble y que debe ser bien ejecutada. También significa considerar que no es fácil educar, y que aun cuando existen ocasiones en que se explicita que educar es transmitir ciencia, no siempre ese pensamiento refleja lo que es saber educar.

Quien siente vocación siempre estará en la búsqueda de trascender con el objetivo de convertirse en un docente de calidad, sin admitir que la rutina se vea reflejada en su tarea diaria considerando además que su vida servirá de influencia para sus alumnos y que no todo se centra en lo disciplinar. Respecto a esto resulta irrefutable señalar que educar es la base principal de la labor docente y que no solo es una transmisión de conocimientos, sino que además es un agente socializador que transmite valores que marcaran directa o indirectamente la formación de los alumnos que tenga a su cargo.

Según Kant, la educación es un arte cuya pretensión central es la búsqueda de la perfección humana y que comprende la disciplina como la instrucción que se transmite de una generación a otra.

En síntesis ser un educador por vocación facilitará la entrega de aprendizajes, promoverá la retroalimentación y análisis de pensamiento, favorecerá la relación entre docente y estudiante lo que invitará a la reflexión para un desarrollo de vida más integral e incluirá la superación diaria que cada uno de los involucrados debe afrontar en un mundo tan vertiginoso y cambiante como es en el que nos ha tocado vivir.

Apreciados educadores, es en nuestras manos donde está la buena formación de seres humanos.

“El amor, base de la creación y de la redención, es el fundamento de la verdadera educación” Elena de White, La educación, p. 16.

Acerca del autor:

Facultad de Educación, Ciencias Sociales y Humanidades. Universidad de la Frontera. Chile.

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