Difícil decisión: la vocación

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Vocación

En estos tiempos hay muchas facilidades para las personas que realmente se interesan en estudiar. Cuentan con becas estudiantiles, plataformas virtuales, universidades a distancia, y un sinnúmero de recursos al alcance de la mano.

Y sin embargo, elegir una carrera ha sido -y sigue siendo- una de las decisiones más complejas para las personas.

Desde que somos pequeños se nos pregunta qué deseamos ser de grandes. En ese momento surgen respuestas casi espontáneas, tales como bombero, veterinario, abogado, doctor, ingeniero, etc., aspirando siempre a una profesión renombrada y, quizás inconscientemente, nos inclinamos por aquellas que son bien remuneradas.

La elección de una carrera es sin duda una de las decisiones más trascendentes que hemos de tomar en la vida, porque de ello depende nuestro futuro profesional, el futuro de nuestra vida y, en definitiva, nuestra felicidad. Lo que elijamos ser o hacer será con lo que nos sustentaremos y solventaremos nuestras necesidades y las de nuestra familia. Por lo tanto, no es una decisión que se deba tomar ligeramente.

Al elegir una carrera tendríamos que tener en cuenta los gustos e intereses personales, las habilidades innatas y adquiridas y el campo o mercado laboral.

Reflexionando en los puntos anteriores, hago mías las palabras del escritor Troy Fitzgerald: “Parte de aprender a vivir la voluntad de Dios para nuestra vida incluye conocer la diferencia entre la vocación y la carrera. ‘Vocación es sentir un llamado; carrera es meramente una categoría laboral’”. (Guía práctica para descubrir la voluntad de Dios. pp. 137, 138).

Vocación

Optar por tal o cual carrera debería ser una decisión supeditada a la relación que tengamos con Dios, puesto que si consultamos con él cuál es la mejor opción para nuestra vida, teniendo en cuenta la vocación,  sin dudas estaremos eligiendo correctamente. ¿Quién mejor que Dios para saber qué es lo que verdaderamente nos hará felices, abrirá los caminos que a nosotros nos parecen inaccesibles, hará milagros donde nos parezca que ya no hay esperanza? Porque, a fin de cuentas, lo que hagamos debe proporcionarnos bienestar y gozo.

Acerca del autor:

Docente. Escribe desde Paraguay.

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