Batería baja para ir al colegio – Junio 2016

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Amaneció, sonó el despertador y Rafaela se movió perezosamente en la cama. Ella no quería abrir los ojos, no quería levantarse ni tampoco quería
ir a la escuela. Todo lo que quería era dormir un poquito más.

–Ah, mamá… ¡no! –reclamó, mientras Silvia le sacaba lentamente la frazada de arriba, haciendo mención de que tenía que tender la cama.

Rafaela se arrastró para salir de la cama, fue hasta la cocina, tomó un vaso con agua, desayunó y, perezosamente, se lavó los dientes. Entró en el dormitorio, para cambiarse de ropa y juntar sus útiles escolares, cuando se dio cuenta de que su mamá estaba parada al lado de la puerta.

Mientras la hija revisaba el cajón intentando encontrar el uniforme, la mamá le avisó que le iba a contar cómo era la vida de Richa.

–¿Quién es Richa? –preguntó Rafaela.

–Una chica de ocho años. Ella vive en Tanzania, un país africano. Richa, la mamá, el padrastro y ocho hermanos viven en una casa en el campo, casi a un kilómetro de distancia de la ruta.

Rafaela encontró el uniforme y se vistió.

–Mamá, ¿estás inventando esa historia?

–No, ¡es real! La mamá continuó contando.

–Todos los días, Richa viaja sola durante una hora y media para ir a la escuela.

–¿Una hora y media caminando? Yo nunca haría una cosa así.

–¡Qué bueno que papá te lleva a la escuela todos los días, bien confortablemente en nuestro auto! Pero Richa no tiene esa suerte; ella tiene que caminar hasta la ruta y seguir caminando bastante tiempo más. Los camiones que pasan cerca de ella levantan polvo, el sol del mediodía es muy fuerte, y a pesar de todo Richa continúa. Es peligroso, pero si va por el otro camino, que son las vías del tren, es muy solitario. No es seguro que una niña camine
sola por allí. Algunos trechos del camino pasan por lugares llenos de piedras y arbustos secos. Al no tener un calzado apropiado y uniforme, esas plantas lastiman sus piernas y sus pies. Otros peligros aguardan, como las serpientes listas para atacar, escorpiones escondidos debajo de piedras o ramas…

Rafaela estaba frente al espejo peinándose mientras la mamá decía

–Al llegar a la escuela, la ropa de Richa casi siempre está sucia, pero ella no tiene otra ropa para cambiarse. Así se queda durante toda la clase. Después, Richa tiene que regresar a su casa, pasando por los mismos caminos de la ida, y perdiendo otra hora y media en el trayecto.

–¡No puedo creer que a ella le guste eso! –comentó Rafaela.

–A ella, en realidad, no le gusta –respondió la mamá–. Ella dice que no le gusta el viaje, y a veces tiene miedo, pero está dispuesta a hacer lo que sea necesario para asistir a las clases y, un día, transformarse en una profesora.

–Mamá, ¡esa historia no es verdad! –insistió Rafaela.

Silvia fue hasta la sala y volvió trayendo una revista, y mostró que la historia era verídica. Había hasta algunas fotos de Richa.

–Hija –concluyó la mamá–, tienes una excelente oportunidad de estudio. ¡Aprovéchala!

Silvia le dio un beso a su hija y salió del dormitorio. Rafaela tomó los libros y los colocó en su mochila. Ya estaba en la puerta de su dormitorio y regresó para tomar la revista con la historia de Richa. ¿Por qué no conocer mejor la vida de esta chica? Rafaela corrió al garaje, donde el papá la estaba esperando, con el motor del autor ya encendido. ¡Qué privilegio tenía por no estar obligada a caminar una hora y media para ir a la escuela!

Acerca del autor:

Gerencia de Educación de Editorial ACES. Edita y distribuye libros de texto, recursos didácticos y contenidos digitales para la red de Educación Adventista de Sudamérica.

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